miércoles, 19 de junio de 2013

[Teaser] The fiery heart


TEASER DE "THE FIERY HEART"




Sucedía con estos ataques de magia. Apenas había sido capaz de arrastrarme fuera de la cama cuando había traído a Jill de regreso. El costo de empuñar tanta vida era demasiado grande, y las repercusiones en la mente altas. Bueno, en la mía lo hacía. Lissa no tenía estos dramáticos altibajos. Lo suyo era más bien una oscuridad constante que se quedaba con ella durante unos días, manteniéndola de mal humor y melancólica, hasta que se suprimía. Sonya tenía una mezcla de ambos efectos.

Mi pequeño artista melancólico, tía Tatiana solía decir con una sonrisa, cuando yo estaba en estos estados de ánimo. ¿Qué se ha metido hoy en tu cabeza? Ella hablaba con cariño, como si fuera adorable. Casi podía oír su voz ahora, casi podía verla de pie, allí a mi lado. Con una respiración temblorosa, cerré mis ojos y deseé que la imagen se fuera. Ella no estaba aquí. Las personas Bendecidas por las Sombras podían ver a los muertos. Los locos solo las imaginaban.

Me comí mi pizza de pie en la encimera, diciéndome a mí mismo una y otra vez que este estado de ánimo pasaría. Sabía que lo haría. Siempre lo hacía. Pero, oh, como apestaba la espera.

Cuando terminé, regresé a la sala y me quedé mirando las pinturas. Lo que me había parecido maravilloso e inspirador ahora parecía superficial y estúpido. Me avergonzaban. Las reuní todas y las arrojé a un rincón, una sobre otra, sin preocuparme si la tela se rasgaba o la pintura estaba húmeda.

Entonces alcance el bar.

Había hecho un buen progreso en una botella de tequila, tumbado en la cama y escuchando a Pink Floyd, cuando la puerta del dormitorio se abrió un par de horas más tarde. Sonreí cuando vi a Sydney. Yo estaba flotando en el zumbido del tequila, lo cual tenía al espíritu efectivamente silenciado y llevado al borde de ese terrible, terrible silencio. Eso no era decir que estaba brillante y lleno de vida tampoco, pero ya no quería meterme en un agujero. Había derrotado al espíritu, y el ver el hermoso rostro de Sydney me levantó aún más.

Ella me devolvió la sonrisa, y luego, en una mirada penetrante, evaluó la situación. La sonrisa se desvaneció. "Oh, Adrian." Fue todo lo que dijo.

Levanté la botella. “Es ‘Cinco de Mayo’ en alguna parte, Sage.”

Sus ojos hicieron un barrido rápido de la habitación. “¿Está Hopper celebrando contigo?”

“¿Hopper? ¿Por qué estaría…?” Mi boca se cerró por unos momentos—. “Oh. Yo, uh, como que me he olvidado de él.

“Lo sé. Maude me envió un mensaje a través de la Sra. Terwilliger preguntando si alguien iba a venir por él.”

“Mierda." Después de todo lo que había sucedido con Rowena, mi hijo adoptivo dragón había sido la última cosa en mi mente. "Lo siento, Sage. Lo he completamente olvidado. Estoy seguro de que está bien, sin embargo. No es como si fuera un niño real. Y como he dicho, probablemente le encanta.”

Pero su expresión no cambió, excepto para hacerse más seria. Se acercó y me quito el tequila, entonces lo llevo hacia la ventana. Demasiado tarde, me di cuenta de lo que estaba haciendo. Abrió la ventana y tiró el resto de la botella al exterior. Me senté con una sacudida.

“¡Eso es caro!”

Cerró la ventana y se volvió hacia mí. Esa mirada me detuvo en seco. No estaba enojada. No estaba triste. Estaba... decepcionada.

"Me lo prometiste, Adrian. Una bebida moderada no es el problema. Una auto-medicación lo es."

"¿Cómo sabes que fue auto-medicación?" Pregunté, aunque no la contradije.

"Porque te conozco, y conozco las señales. Además, a veces reviso tus botellas. Esta noche has hecho una gran mella de esto - mucho más que una bebida moderada." Mirando la ventana, casi indiqué que técnicamente, ella era la que había hecho una gran mella con la tequila.

"No pude evitarlo," dije, sabiendo que eso sonaba ridículo. Era tan ridículo como el mantra 'no es mi culpa' de Angeline. "No después de lo que pasó."

Sydney colocó la botella vacía en el aparador y luego se sentó al lado mío en la cama. "Cuéntame."

Le expliqué sobre Rowena y su mano y como el resto de eventos del día habían transcurridos. Era difícil concentrarme en la historia porque quería continuar divagando y haciendo excusas. Dejé la parte de la desesperación sobre los regalos de cumpleaños. Cuando por fin terminé, Sydney reposó delicadamente su mano sobre mi mejilla.

"Oh, Adrian," dijo otra vez, y esta vez su voz sonaba triste.

Reposé mi mano sobre la de ella. "¿Que se suponía que tenía que hacer?" Susurré. "Fue como con Jill otra vez. Bueno - no tan malo como eso. Pero allí estaba ella. Me necesitaba, y yo podía ayudar - entonces cuando ella se dio cuenta, tuve que asegurarme de que lo olvidase. ¿Qué otra cosa se supone que debí hacer? ¿Debí dejarla romperse la mano? ¿Debí dejarla arruinar su carrera? ¿Qué otra cosa se supone que debí hacer?"

Sydney me envolvió en sus brazos y estuvo en silencio por un largo tiempo. "No lo sé. Quiero decir, sé que no podías evitarlo. Así es como eres. Pero desearía que no lo hubieras hecho. No... no está bien. Estoy contenta que lo hicieras. Solo desearía que no fuese tan... complicado." Sacudió con su cabeza. "No me estoy explicando bien. No soy buena en esto."

"Odias eso, ¿no es así?" No saber lo qué hacer." Apoyé mi cabeza sobre su hombro, atrapando el tenue olor de su perfume. "Y odias cuando estoy de esta manera."

"Te quiero," dijo. "Pero me preocupo por ti. ¿Algunas vez has pensado en...? quiero decir, ¿acaso Lissa no tomó antidepresivos por un tiempo? ¿Eso no la ayudó?"

Levanté mi cabeza con rapidez. "No. No puedo hacer eso. No puedo separarme de la magia de esa manera."

"Pero ella se sintió mejor, ¿no es así?" Insistió Sydney.

"Ella... sí. Un poco." No tenía ningún problema con la "bebida curadora", pero las pastillas me hacían quisquilloso. "Ella sí se sintió mejor. No se deprimía. Había dejado de cortarse. Pero echaba de menos la magia, así que dejó las pastillas. Tú no sabes lo que es eso, el poder del espíritu. Sentir como si estuvieras en sintonía con todo ser viviente en el mundo."

"Puede que lo entienda mejor que tú," dijo ella.

"Sin embargo, es más que eso. Ella también lo dejó porque necesitaba la magia para ayudar a Rose. ¿Y si lo vuelvo a necesitar? ¿Y si fueras tú la que estuviera herida o muriendo?" Le agarré los hombros, necesitando que entendiera mi desesperación y cuanto ella significaba para mí. "¿Y si me necesitaras y yo no pudiese ayudarte?"

Sydney removió mis manos y las tomó entre las suyas, su rostro tranquilo. "Entonces lo afrontaremos. Eso es lo que la mayoría de personas hacen en este mundo. Ellos no pueden recurrir a los milagros. Tú tomas tus decisiones. Prefiero tenerte estable y feliz que arriesgar tu mentalidad en la pequeña posibilidad de que un bloque de concreto caiga sobre mí."

"¿Podrías no hacer nada si tuvieras la habilidad de ayudar a alguien?"

"No. Es por eso que estoy intentando ayudarte." Pero podía ver el conflicto en ello, y entendía su ansiedad.

"Nada de pastillas," dije con firmeza. "Esto no volverá a suceder. Voy a esforzarme más. Seré más fuerte. Tendré fe de que podré hacer esto por mi cuenta."

Vacilante, ella parecía como si fuera a seguir discutiendo sobre el asunto, pero finalmente, acentuó con la cabeza en resignación. Me trajo a la cama y me besó, aunque sabía que a ella no le gustaba el sabor a tequila. El beso reforzó esa conexión entre nosotros, esa ardiente sensación que siempre tenía y sabía que ella estaba hecha para mí, y yo estaba hecho para ella. Seguramente, si tan solo pudiese ahogarme en ella, nunca más necesitaría recurrir al alcohol o pastillas de cualquier tipo.

"Tengo que irme," ella dijo finalmente. "Se suponía que solo tenía que salir para comprar pasta de dientes. Era un recado tan aburrido que Zoe no quiso venir."

Removí mechones rebeldes y dorados de su rostro. "¿Mañana por la noche en la casa de Clarence?"

Ella asintió con la cabeza. "No me lo perdería por nada."

La acompañé hasta la puerta principal. Sydney hizo una toma doble a las pinturas arruinadas, pero no dijo nada y mantuvo su expresión neutral.

"Lo digo en serio," le dije. "Lo intentaré."

"Lo sé," dijo ella. Esa mirada de decepción en sus ojos de antes todavía me perseguía.

"Puedo ser fuerte," añadí.

Ella sonrió y se puso de puntillas para darme un beso de despedida. "Ya lo eres," murmuró. La vi desaparecer en la noche y esperé que le estuviese diciendo la verdad.

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